Prueba
domingo, 17 de agosto de 2014
martes, 13 de noviembre de 2012
Me fui a concurso, regreso en enero de 2013
La Posibilidad agradece a sus lectores y les comunica que se fue a concurso. Regresa en enero de 2013, salvo alguna indicación en contra por parte de los mayas.
miércoles, 24 de agosto de 2011
LA POSIBILIDAD Capítulo XVI
Un beso de despedida
Me visitaste en sueños para despedirte.
Ya lo habías hecho con palabras: " te mando un ángel para que vele tus sueños".
Ese ángel venía a visitarme de vez en cuando a las 2 o 3 de la mañana hace más de 25 años. Lo presentía, abría los ojos, me arrancaba un suspiro y desaparecía como había venido.
Me dejaba una sensación de paz que me acompañaba todo el día, a veces semanas, hasta que se diluía el recuerdo.
Antes, me habías enviado un beso por el chat:
- Recibe un beso de mi parte en la frente.
-¿Por qué en la frente?
- Porque es tu zona de bondad.
En este sueño te veías como hace un cuarto de siglo: joven, lozano, sin preocupaciones, sin pendientes.
Me encontraba con mi hermana y mi nana en la cafetería de un pueblito que no reconocí. Estábamos esperando quién sabe qué. Así son los sueños. Me asomé a la ventana y te vi en el área de juegos infantiles, como si me esperaras.
Salí y me senté en las escaleras de la resbaladilla y tú te asomaste desde arriba, divertido y me diste un beso.
Recordé el poema de una cubana
En ese momento, la estrella que llevaba dentro, se tornó, en tus labios, otra vez beso.
Mientras escuchaba una canción de Camila:
Y me despedí de tu recuerdo...
Al mismo tiempo, todas nos despedimos de esta pijamada. Sólo habían pasado unas horas y parecían siglos desde que Ella nos confesó que "había apostado" y "había perdido".
Nos prometimos reunirnos más seguido y escuchar a las demás: Diana, Laura, Constanza, Pepa, Alinka, Ella y las que se sumen esta semana.
Por mi parte, yo solo soy la escribidora, como decía mi jefe. Mi historia...
Me visitaste en sueños para despedirte.
Ya lo habías hecho con palabras: " te mando un ángel para que vele tus sueños".
Ese ángel venía a visitarme de vez en cuando a las 2 o 3 de la mañana hace más de 25 años. Lo presentía, abría los ojos, me arrancaba un suspiro y desaparecía como había venido.
Me dejaba una sensación de paz que me acompañaba todo el día, a veces semanas, hasta que se diluía el recuerdo.
Antes, me habías enviado un beso por el chat:
- Recibe un beso de mi parte en la frente.
-¿Por qué en la frente?
- Porque es tu zona de bondad.
En este sueño te veías como hace un cuarto de siglo: joven, lozano, sin preocupaciones, sin pendientes.
Me encontraba con mi hermana y mi nana en la cafetería de un pueblito que no reconocí. Estábamos esperando quién sabe qué. Así son los sueños. Me asomé a la ventana y te vi en el área de juegos infantiles, como si me esperaras.
Salí y me senté en las escaleras de la resbaladilla y tú te asomaste desde arriba, divertido y me diste un beso.
Recordé el poema de una cubana
El beso que nunca te di, se me ha vuelto estrella dentro…
¡Quién lo pudiera tornar –y en tu boca…- otra vez beso!
Quién pudiera como el río ser fugitivo y eterno:
Partir, llegar, pasar siempre y ser siempre el río fresco…
Es tarde para la rosa. Es pronto para el invierno.
Mi hora no está en el reloj… ¡Me quedé fuera del tiempo!
En ese momento, la estrella que llevaba dentro, se tornó, en tus labios, otra vez beso.
Y supe que era la despedida.
No recuerdo qué más pasó en el sueño. Tengo presente que había un tren en el anden y yo lo miraba alejarse...Mientras escuchaba una canción de Camila:
Y me despedí de tu recuerdo...
Al mismo tiempo, todas nos despedimos de esta pijamada. Sólo habían pasado unas horas y parecían siglos desde que Ella nos confesó que "había apostado" y "había perdido".
Nos prometimos reunirnos más seguido y escuchar a las demás: Diana, Laura, Constanza, Pepa, Alinka, Ella y las que se sumen esta semana.
Por mi parte, yo solo soy la escribidora, como decía mi jefe. Mi historia...
Continuará
domingo, 7 de agosto de 2011
LA POSIBILIDAD Capítulo XV
Cómo Olvidar
El amanecer está cerca. El frío se deja sentir, las pláticas languidecen. Algunas de las protagonistas duermen, Constanza y Luisa observan cómo Pepa y Diana escriben algo en el cuaderno de Ella. De pronto, Pepa deja de escribir y dirige su mirada a la ventana. Hay movimiento afuera de la casa de Morgana. Nadie sabe que sucede. Se oyen pasos apresurados, voces que susurran una cuenta regresiva... y cuando la tensión parece rebasar el nivel de echarse a correr o poner pecho a tierra, se escucha:
¡UFF, qué susto! Solo eran mariachis. Lo bueno de estas serenatas es que las compartes con los vecinos aunque no quieras.
Mientras la música continúa enamorando nuestros sentidos y despertando a quienes se fueron a dormir, Pepa nos muestra lo que ha estado escribiendo con Diana.
--¿Qué es?-- pregunta Constanza
-- Un curso activo para Recordar sin dolor-- responde y nos muestra su proyecto.
--¿Eso has estado haciendo desde que llegaste?-- pregunta Constanza revisando el proyecto. Al fin maestras..
--Sí, ¿qué les parece?
--¿Qué nos parece qué?-- pregunta Ella desperezándose y tomando el papel en sus manos. --Tuve un sueño maravilloso. Soñé...
El amanecer está cerca. El frío se deja sentir, las pláticas languidecen. Algunas de las protagonistas duermen, Constanza y Luisa observan cómo Pepa y Diana escriben algo en el cuaderno de Ella. De pronto, Pepa deja de escribir y dirige su mirada a la ventana. Hay movimiento afuera de la casa de Morgana. Nadie sabe que sucede. Se oyen pasos apresurados, voces que susurran una cuenta regresiva... y cuando la tensión parece rebasar el nivel de echarse a correr o poner pecho a tierra, se escucha:
¡UFF, qué susto! Solo eran mariachis. Lo bueno de estas serenatas es que las compartes con los vecinos aunque no quieras.
Mientras la música continúa enamorando nuestros sentidos y despertando a quienes se fueron a dormir, Pepa nos muestra lo que ha estado escribiendo con Diana.
--¿Qué es?-- pregunta Constanza
-- Un curso activo para Recordar sin dolor-- responde y nos muestra su proyecto.
--¿Eso has estado haciendo desde que llegaste?-- pregunta Constanza revisando el proyecto. Al fin maestras..
--Sí, ¿qué les parece?
--¿Qué nos parece qué?-- pregunta Ella desperezándose y tomando el papel en sus manos. --Tuve un sueño maravilloso. Soñé...
Continuará
viernes, 22 de julio de 2011
LA POSIBILIDAD Capítulo XIV
Constanza y su aliento
Después de la risa loca por la planchada, algunas han optado por descansar y se retiran a alguna de las tantas habitaciones que tiene la casa de Morgana. Otras, se sientan y dormitan en los sillones coloniales frente a la chimenea (sí, tiene chimenea). Constanza aprovecha que Ella está dormitando para platicarle a Luisa de su aliento...
Después de la risa loca por la planchada, algunas han optado por descansar y se retiran a alguna de las tantas habitaciones que tiene la casa de Morgana. Otras, se sientan y dormitan en los sillones coloniales frente a la chimenea (sí, tiene chimenea). Constanza aprovecha que Ella está dormitando para platicarle a Luisa de su aliento...
Ya instalada en la Casa Azul, Constanza reinicia su actividad laboral en donde Alinka era, además de su compañera y amiga, su cómplice.
Los días daban paso a los meses y Constanza cada vez estaba más cerca de Su aliento, con saludos fugaces en los pasillos, con pretextos para verse, ella sin saber que éste tenía un interés mayor y que la observaba desde sus espacios y de tiempo atrás. En alguna ocasión en la terraza de la Universidad, Constanza y su aliento conectaron con sus miradas y el momento se presentó para compartir un pequeño refrigerio antes de irse a casa. La mayor de las coincidencias en esa ocasión… El gusto por el café y el nombre de sus hijas.
Después de aquella plática en la cual el tiempo transcurrió sin advertirlo, se generó un mayor acercamiento, más conversaciones en los pasillos, saludos más frecuentes y la propuesta de salir a tomar un café. (Mmmh. ¿Ese café? Pasarían varios meses antes de que esa famosa cita se concretara). Por fin, coincidieron en una tarde-noche con una rica plática y un delicioso café.
En algún momento de esta historia, Constanza invitó a su aliento a una boda. Aquel mensaje nunca fue respondido, y entonces, dando por entendido que no había ningún interés por su parte, decidió alejarse. Pero la misma cotidianidad del trabajo los reencontraba con frecuencia y el acercamiento se daba. Constanza se mantenía en tierra, sin generar mayor ilusión.
Una vez más, se le presentó un compromiso fuera de la Ciudad y tomó la decisión de invitar nuevamente a su aliento. Esa vez la respuesta fue positiva. Y el tan esperado día llegó, coincidiendo con Alinka y Diana en aquel evento. Constanza y su aliento ya mantenían una mayor comunicación y una magia inexplicable. Justo en aquel evento la atracción pudo más y no se resistieron al primer beso. Así inicia una linda y romántica relación en donde ambos expresan a cada momento su sentir y su pensar.
El aliento de Constanza es un poeta que la hace feliz día con día, le genera una ilusión más de vida, un motor para seguir adelante… Es con cada mensaje, cada palabra, cada beso, cada caricia, con los colores como coincidencia, y los detalles de ambos (las galletas, los cafés, los mensajes, los cuadernos con hojas blancas que llenar y compartir)… tantas y tantas vivencias que cada vez los iban uniendo más; que los llevaba a sentirse y encontrarse con mayor frecuencia y disfrutando de su tierno y romántico amor.
Le expresa a su aliento: “Cuando estoy contigo descubro que el significado de compartir está en todas partes: en un libro, en un café, en una plática, en la música.”
Y Su aliento responde: “Construyéndote me construyo cada día. Gracias por tu sonrisa, amor y ternura…”
Continuará
sábado, 18 de junio de 2011
LA POSIBILIDAD Capítulo XIII
Planchaba y lavaba
--O sea, no te llevó al río, no te tomó en sus brazos, ni siquiera te besó. ¡Qué onda! Ni una planchadita siquiera—Dijo, Luisa, indignada.
--¿Planchar? Bueno, él sí plancha—replicó Ella.
--Pues claro que sí plancha, pero no contigo—agregó Constanza.
--Me dijo que si quería, planchaba para mí…
No sabíamos si reír o llorar por la candidez de Ella. Optamos por lo primero.
Cuando nos calmamos, Diana quiso precisiones:
--A ver, exactamente cómo te dijo…
22:35 Ella: Hola, ¿todavía trabajando?
Él: Sí, y en la oficina.
Ella: ¡No me digas! Yo voy llegando.
Él: Pero acaso, eso es una bendición.
Ella: ¡Oh, no tanto!, con los quehaceres que no se acaban…:(
Él: Pero… ¿ no planchas?
Ella: Eso sí que NONONONONONO. ¿Tú sí planchas?
Él: ¡Y claro que sí! Es bueno para la salud, particularmente el sistema circulatorio.
Ella: ¡Si, Chucho, cómo no! Eso dicen por vender.
Él: ¡¡Pruébalo!!
Ella: Ni hablar, desde hace 25 años, no plancho, solo en defensa propia.
Él: Hay que abrir la mente a nuevas opciones…
Ella: ¿No has intentado la ropa wash and wear? Es maravillosa. ¿O la manta corrugada?
Él: Sí, pero el lino y el algodón son telas deliciosas.
Ella: Te concedo la razón, y solo en esos casos, sí llego a planchar, pero solo mi ropa.
Él: Ahora que si tienes problema con eso, yo estaría dispuesto a planchar para ti.
Ella: MUCHAS GRACIAS, pero toda mi ropa está diseñada para no plancharse, y solo tengo dos o tres blusas y dos o tres vestidos que lo requieren.
Él: Allá tú con el gasto de tintorería…
Ella: Tampoco tengo ropa de tintorería, solo mando mis sacos.
Él: Entiendo, ¡no quieres dejarte consentir!
Ella: Prefiero que me consientan de otra manera J
Él: ¿Estilo clásico? ¿A la Romeo y Julieta o cómo?
Ella: No soy exigente, un buen masaje o una buena charla obran milagros.
Él: Entonces, cuenta conmigo.
Ella: ¿Para cual de los dos? :)
Él: Los dos, creo es lo mejor. No hay razón para limitarse ¿o sí?
Ella: ¿Se puede todo? ¿Puedo pedir otra cosita?
Él: ¿Helado, te? quizás frutas...? No sé, tú di. La imaginación es el límite.
Ella: La paz mundial.... jajajajaajajaj jajjajjaja
Él: El chiste es que tú lo digas para que se haga…
--Si serás mensa, Él quería consentirte y no te dejaste—dijo Luisa entre carcajadas.
Continuará...
lunes, 23 de mayo de 2011
LA POSIBILIDAD Capítulo XII
La tía Ella
A diferencia de las tías de Ángeles Mastretta, la tía Ella vivía en la Ciudad de México y no en Puebla, con un ritmo acelerado entre cursos en línea, clases presenciales, hijos adolescentes, un marido y muchas ganas de hacer cosas. Tenía pechos generosos, poca retaguardia y unos ojos que se quedaban riendo, aún cuando la cosa se ponía seria.
Le gustaba bailar, tocar la guitarra y cantar. En alguna ocasión, una compañera le reclamó que “su novio” se había enamorado de su voz en una reunión de la prepa. Pues, ni modo, no iba a dejar de cantar. Nunca le dio entrada a ese chico, pero tampoco nunca la volvieron a invitar a esas fiestas… las amigas.
Tuvo cuatro novios, o mejor dicho, tres, porque el segundo no lo fue de cierto. El primero era un dulce, sencillo y medio lento, pero cuando se puso “francés”, lo mandó a paseo. Lo de “francés” era un término acuñado por sus tías abuelas, que implicaba un beso de ese estilo y unas manos de pulpo que buscaban “aquello” que se debía conservar oculto hasta el matrimonio.
El segundo, como la canción de Silvio Rodríguez, rompió todos sus esquemas, sin declaración de inicio o final; más desencuentros que encuentros, oposición familiar unánime. Sin embargo, aquello del dulce gozo de saberlo clandestino la llevo a compartir su cocina y su mesa, más no su cama. No, una chica decente no hace eso. Su presencia se grabó en una parte de su subconsciente a fuego y hierro, y su desaparición súbita lo encapsuló para siempre.
El tercero, una persona noble, de gran corazón como su cuerpo, pero sin la chispa que buscaba la tía Ella, pasó con más pena que gloria, eso sí, con muchas flores, chocolates, detalles y más detalles que no lograron allanar el camino hasta su corazón, pero sí el de todos aquellos que disfrutaron sus atenciones: hermanas, hermano, nana, mamá…
El cuarto, con manos grandes, boca de fresa, güero, galante, atractivo –solo para sus ojos-, persistente, se mantuvo entre bambalinas desde el primero hasta el tercero, y cuando vio la oportunidad, saltó a escena y la conquistó, de eso hacía más de 25 años, dos hijos, un departamento y dos coches.
Durante 25 años, la tía Ella se había acostumbrado a vivir pendiente de los horarios de los hijos: conseguir un trabajo por las mañanas mientras los críos iban a la escuela, estar en casa los fines de semana, llevarlos por las tardes a sus actividades. Comida con sus padres los domingos. Alguna que otra salida al cine, alguna que otra reunión con las amigas de la maestría.
En el plano profesional y académico, desde hacía 5 años había decidido crecer ante las reticencias de su mareado de avanzar en la carrera y de su insistencia de poner un negocio. Fue una ruptura emocional, que no física, pero al fin ruptura.
Cercana ya a los 50 años, la tía Ella había conseguido su grado de maestría, un lugarcito en una institución oficial de prestigio, clases en varias universidades y otras monadas. Se sentía plena y satisfecha en el plano profesional y académico, pero no así en el emocional. Movida por quién sabe qué artes (¿la cadencia, la vida o la divina providencia?), juegos de palabras o acceso a la web, desenterró la cápsula del tiempo y la actualizó. Si fuera computadora, se diría F5.
Con un clic, un buscador y una ecuación booleana, encontró los rastros digitales de una sombra. Y descubrió que el tiempo sí pasa, nada permanece intacto, solo el recuerdo o el ideal.
No fue necesario un campanario o un sótano, solo el recuadro de un chat, un documento Word, una comida y un café, para darse cuenta de lo diferente que era el recuerdo con la realidad.
Sin embargo, el encuentro furtivo entre bytes le permitió mantener una sonrisa en los momentos difíciles que pasó toda la familia por un problema de grandes proporciones. Nadie comprendía cómo era posible que mantuviera una sonrisa en esos momentos y no se derrumbara como le pasaba a los demás. Nadie, salvo su marido que en todo momento le preguntaba:
--¿De qué te ríes?
--No me río, sonrío—respondía la tía Ella.
Tenía muchas cosas de qué sentirse feliz aún dentro de la crisis familiar: de sus hijos, que habían ganado el derecho a estudiar en la mejor universidad de México; de que le habían caído trabajitos extras. Pero sobre todo, de que había una presencia del pasado en quien pensar para abstraerse de la rutina y de las guardias cargadas de tensión.
Y aquilataba esa presencia, más virtual que real, que respondía a altas horas de la noche y compartían una parte del trabajo de cada uno desde su lado en la red. Un desayuno tardío y una caminata por las calles céntricas de la ciudad, le informaron a la tía Ella que ese camino estaba vedado para nada más que una amistad. La llegada del metro en el sentido que Él llevaba y una despedida sorpresiva dejó el asunto en veremos: ¿cuál era el pendiente que se quedó silenciado por la distancia? ¿Cuál era “la pregunta” que nunca respondió?
Dicen que la tía Ella durante muchos años guardó ese pendiente junto con un poema de la cubana Dulce María Lynaz:
El beso que nunca te di, se me ha vuelto estrella dentro…
¡Quién lo pudiera tornar –y en tu boca…- otra vez beso!
Quién pudiera como el río ser fugitivo y eterno:
Partir, llegar, pasar siempre y ser siempre el río fresco…
Es tarde para la rosa. Es pronto para el invierno.
Mi hora no está en el reloj… ¡Me quedé fuera del tiempo!
Continuará…
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